TEATRO CÍRCULO

El Círculo del Arte en la Escena se constituye en diciembre de 1993 y en mayo del siguiente año se abre la Sala Círculo con "m…" (eh Joe, Nana, Aliento) de Samuel Beckett. Desde 1999 está integrada en la Federación de Espacios Teatrales Independientes (F.E.T.I.).
El Círculo del Arte en la Escena se presenta en el arte escénico como algo poco usual, para encontrarse en su propia singularidad. Esta se abre paso en un delicado "desequilibrio" entre lo público, lo privado y lo alternativo que, saliéndose de lo espectacular, es decir, todo lo que al arte substrae en puro efecto, e invirtiendo los criterios generales de rentabilidad, o sea, alto beneficio con la mínima inversión, nos coloca en la espalda del "interés común". Podría decir que esta visión metafórica es la que mejor ilustra el lugar que ocupa nuestro Teatro Círculo. Tanto para "Escucha la voz" de Ambrose Bierce, nuestro segundo autor, como para distinguir las voces en ese desierto interior que con "Los días felices" y "Nihilia" Samuel Beckett nos dibuja, así como para adentrarnos en el mundo de Fernando Pessoa, no cabe duda que hay que volver la mirada hacia atrás de uno mismo. Esto que da carácter a nuestro Teatro hace, de alguna manera, que el anonimato del público caiga, para poder tratar de persona a persona o mejor, en nuestro caso, de actor a espectador.
Si, como consideramos, el espacio y el tiempo de creación se cuentan de otro modo en el arte, entonces ello nos lleva de nuevo a invertir los usos y maneras comunes de entenderlos.
El espacio teatral no se debe medir por el número de localidades, que en nuestra sala es siempre variable pues depende de la disposición escenográfica de cada montaje, incluso tampoco por los metros cuadrados cuando sólo sirven para poner precio de venta o alquiler al inmueble. Los espacios del arte, que alojan la suficiente magia, respetando su encantamiento y laica sacralidad, sufren contracciones o dilataciones en los procesos de creación. Así por ejemplo, en los tres montajes que formaron la trilogía sobre la heterogénea obra poética y teatral de Fernando Pessoa: "El poeta es un fingidor", "Drama em Gente" y "El Marinero", los espectadores, que no podían sobrepasar de veinticinco por función, debían tomar el lugar que hasta entonces en el Círculo lo había sido del actor. Esto, fuera de las apariencias, no nos convierte en elitistas, ya que el tiempo es tiempo de experiencia y no de caducidad.
La obra de arte, al no ser producto de consumo, no caduca; por esto podemos representar por largo tiempo: un dilatado tiempo de ensayos se corresponde con un largo período de representaciones.
Todo nuestro proyecto navega pues, entre el espíritu de entrega generosa del principiante y la escrupulosidad y rigor del profesional.


Pablo Corral Gómez.

 

 

 

 

 

 

 

 

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Federación de Espacios Teatrales Independientes